Segunda etapa y primera visión del Ama Dablam.

Hoy, ayer ya cuando leáis estas líneas, hemos recorrido 10.3 km en 4 horas 25 minutos para 808 metros de desnivel, de Namche a Tengboche.

Con menos peso en nuestras mochilas y el pulsiómetro a 90 de media (por debajo de 85 falta oxígeno en sangre).

Aún así he retenido un texto que quiero compartir con tod@s vosotr@s:

“Situada en la parte este del Himalaya de Nepal (capital Katmandú), en castellano Ama Dablam significa algo así como “El collar de la madre y de la perla”. La perla estará formada por su glaciar que cuelga entre brillos iluminados.

Dablam es también la caja que adorna el cuello de las mujeres sherpas ¡Claro que me gustaría pasear su falda! ¡Claro que disfrutaría bajo su caricia! Sin embargo, nunca podré ascender su inmensidad por altura y por dificultad técnica: el Ama Dablam es intangible y soñada para mí; como el rayo de luna de Bécquer al que nunca se puede tocar por más que uno se fatigue en la persecución constante. Allí está entre la sonrisa que sube del valle del Khumbu, cuna de la etnia de los afamados sherpas de amabilidad y hospitalidad contrastada”.

No menos imborrable será la ceremonia budista que los monjes lamas de Tengboche han realizado y a la que hemos tenido el honor de asistir. Para ellos es su día a día. Viven a casi 3.900m, con total austeridad y dedicando toda una vida a la meditación.

Y una frase budista, real como la vida misma, para meditar: “Todo en la vida era temporal, si las cosas te iban bien, tenías que disfrutar. Y si las cosas te iban mal, no había que preocuparse en exceso, pues no iba a durar para siempre.”

Más allá de la ilusión por poder disfrutar y colaborar con los “Amics del Nepal”, hoy he querido tener una foto con su bandera y mi “hermano” Josemi. Su causa en favor de los niñ@s sin hogar es ya también la nuestra.

Sigo siendo alcalde esté o no disfrutando de parte de mis vacaciones.
Menos horas de sueño que el resto para contestar e-mails, mensajes, y lo que haga falta. Tras estar sumergido durante el día entre las grandes montañas del Himalaya, y de sus maravillosas gentes, mis últimas horas antes de caer rendido son para comprobar que como todo en la vida no hay nadie imprescindible.

Qué grandes equipos tengo en esta misión y en mi querido Parets. Desconectar ni lo quiero ni es posible.

Mañana os cuento cómo nos va y qué anécdotas nos dejan las montañas del Nepal, y sus maravillosas gentes.